Post: Del discurso a la producción: por qué el emprendedor es clave para el crecimiento

Durante años, buena parte del debate público ha colocado a los gobiernos y a los políticos en el centro de las soluciones económicas. Sin embargo, las cifras del mercado laboral muestran que la generación de oportunidades también tiene un protagonista mucho más cotidiano: el sector productivo.

Un análisis del Banco Mundial sobre Guatemala concluyó que el sector privado genera la mayoría de los empleos del país, mientras que el empleo público representaba alrededor del 5.5% de la fuerza laboral en el período analizado.

La dimensión de las MIPYMES refuerza esta realidad. El Ministerio de Economía reporta que estas empresas constituyen el 96.3% del tejido empresarial guatemalteco y generan cerca del 70% del empleo.

Detrás de esas cifras hay historias que pocas veces aparecen en los grandes discursos: personas que utilizan sus ahorros para abrir un negocio, familias que convierten una actividad informal en una empresa, comerciantes que amplían su inventario y empresarios que contratan a sus primeros trabajadores.

El político puede crear leyes, administrar recursos públicos y establecer políticas económicas. Pero una política por sí sola no abre una tienda, fabrica un producto ni contrata a un trabajador. Para que exista actividad económica tiene que haber personas dispuestas a invertir, producir y asumir riesgos.

Eso no significa que el Estado sea irrelevante. Su responsabilidad es crear condiciones que permitan que quienes producen puedan hacerlo con certeza y que un emprendimiento tenga posibilidades reales de crecer.

El reto está en cambiar la mirada: reconocer que la riqueza no aparece simplemente porque se aprueba un presupuesto o se anuncia un programa. Se genera cuando una persona crea algo que otros están dispuestos a comprar, cuando una empresa invierte y cuando un trabajador encuentra una oportunidad.

Guatemala tiene millones de historias de esfuerzo empresarial. Reconocerlas también significa reconocer que el crecimiento del país no depende únicamente de quién ocupa un cargo público, sino de quienes todos los días producen, emprenden, contratan y arriesgan su propio capital.

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